Fue mi terremotito del 2012. Llegó a clases dos
semanas después y con las etiquetas de "grosero",
"malcriado", "incorregible" etc, por parte de la mayoría de
profesores y estudiantes. No me sorprendí pues no era la primera vez que me
ocurría algo así. Efectivamente, muchas veces fui testigo de sus perlas. Su
palomillada diaria era fugarse del colegio a la tercera o cuarta hora (algunos
decían "mejor que se vaya"), y por esa razón, cuando me tocaba clase
con su grado, en el aula solo habíamos dos personas, lo que ocasionaba las
risas de todo el que pasaba. Sin embargo, un par de conversaciones serias con
él me pintaron un mejor panorama y pude descubrir que bajo todas esas etiquetas
había una personita que podía ser alguien en la vida si se lo proponía, algo
así como lo que llaman "un diamante en bruto", que necesitaba de
constancia y fuerza de voluntad para lograr sus objetivos. Y en mi caso,
paciencia...y mucho amor.
En el tercer bimestre, cuando por fin se quedaba hasta
la salida, empezó el nuevo round: Ir a buscarlo a otras aulas para llevarlo a
la suya era un reto; lograr que entrara, voluntariamente, al menos una semana
seguida a mis clases era todo un logro; hacer que participe de la clase ya era
una hazaña y que haga un ejercicio en la pizarra, un imposible... Y un día lo
hizo. Fue mi primera alegría con él. No puedo decir que a partir de ahí fue un
chico modelo, ni por asomo. Su intermitencia me mataba, pero al menos ya era
algo en comparación a como lo encontré. Recién al cuarto bimestre, luego de la
enésima conversación, dejó por fin de escribir en hojitas o en borrador y llegó
con su cuaderno de Comunicación bien forrado. Más vale tarde que nunca, esa fue
mi segunda alegría.
El tiempo pasó muy rápido y no hubo ocasión de una tercera
alegría, ni siquiera para las palabras de despedida, simplemente el año terminó
y con tristeza tuve que dejar atrás a todos esos chicos, incluyendo a mi
querido terremotito. Me quedé con las ganas de hacer que lograra más cosas, así
como con la duda de saber si todo le que le dije había causado algún efecto
positivo y si me recordaría en el futuro.
La tercera alegría que nunca llegó en
el 2012, ocurrió en el 2013. En febrero pasado, recibí una llamada: "Aló
profesora, le habla Luis. Llamaba para saber cómo está. Dígame, ¿Nos va a
enseñar este año?".
No pude evitar el paseo de una lágrima. :')
